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TOP 10: Juegos viejos en internet (PARTE 1)

Hago una pequeña review de algunos juegos que me gustaban cuando era pequeña y el internet y las computadoras eran toda una novedad. Juegos de páginas como juegosjuegos, minijuegos, miniclip, etc. Para jugarlos, sólo hace falta darles click en el nombre. Los juegos de este top estaban, por aquél entonces, categorizados como "juego para chicas o niñas" pero todos sabemos que todes lo jugabamos. De cualquier forma, haz click aquí para ver top con juegos "unisex" categorizados en aquél entonces. 


  1. Nanny Mania
    Niveles: 10 niveles.
    Objetivo: intentar ordenar y limpiar todo lo más rápido posible.
    Controles: con mouse (el ratón)
    Opinión: entretenido, aunque el demo termina muy pronto. Sólo me fue posible jugarlo en el Internet Explorer.


  2. Jane's Hotel
    Niveles: 10 niveles
    Objetivo: mantener en control la higiene, la organización, la comodidad del hotel y el apetito de los clientes.
    Controles: con mouse (el ratón)
    Opinión: jugabilidad fácil, con varias tareas por realizar. Para prestar atención y organizar tareas. Motiva el seguir jugando para comprar nuevos elementos que ayuden a la eficiencia.

















  3. Cooking Academy
    Niveles: 5 niveles
    Objetivo: realizar perfectamente los menú.
    Controles: con mouse (el ratón)
    Opinión: el juego resulta muy simple, pero para aquél entonces los gráficos me eran más "realistas" que el resto de los juegos de cocina.


  4. Hi Hi Puffy Ami Yumi en Nueva York
    Niveles: 3 niveles.
    Objetivo: lograr que Yumi y Ami logren llegar a su concierto, saltando por encima de sus fans, esquivando pájaros y escapando a grandes alturas de estampidas de fans.
    Controles: flechas izquierda y derecha, y tecla "x" para cambiar de personaje.
    Opinión: jugabilidad monótona y de poca dificultad.




Convivir con tu familia. (2016)

Hoy me quedé pensando en lo fácil que siempre me resultó convivir con amigos. Por supuesto que siempre fueron convivencias en condiciones óptimas: sin pagar tarifas, manejándome con plata de mi familia, sin estrés por el laburo. Lo admito porque no tendría sentido ocultarlo. Lo admito porque, es cierto, así es fácil convivir con casi cualquiera. Casi cualquiera. Pero, si lo pongo en perspectiva, con mi familia también conviví en condiciones óptimas, y siempre fue una mierda. Es difícil tener que adaptarse a los caprichos de los que se llaman a sí mismos adultos. Tienen muchos defectos y no intentan remediarlos porque "son así, y punto". Esta clase de gente son los señores y señoras que deben encargarse de nuestra salud física y mental. Tampoco es fácil compartir el humor con gente de otra generación u otros ámbitos, y mucho menos compartir los mismos intereses.

Es más factible que yo pueda empatizar con algún desconocido con esos defectos que con mi propia familia. ¿Por qué?, si conozco sus historias, si sé las causas que los llevaron a ser como son. Por mucho tiempo me lamenté por eso, intentando buscar una solución que me logre revertir la situación. Pero lejos de encontrar una solución, encontré a una respuesta: no aguanto ni perdono los defectos de mi familia porque yo los padezco cada día desde mi infancia. Es difícil perdonar que nos hayan perjudicado la infancia. Yo ahora, con mis 18 años, me siento peligrosamente capaz de perdonar cualquier cosa que me hagan. Pero me siento incapaz de perdonar haber crecido con la agresividad verbal y, a última instancia, física. Me siento incapaz de haber transitado mi infancia con la negación y el constante lamento. Me siento incapaz de perdonar haber perdido mi inocencia en la cuna de una familia tan hipócrita.

Por eso intento aferrarme con uñas y dientes a todo lo positivo que me han dado. Primero porque estoy agradecida; segundo porque los amo; y tercero porque, si no me aferro, me caigo. Supongo que de eso se trata ser hijo.

Ya fue ser susceptible. (2016)

Ya fue ser susceptible, chicos. Yo te lo entiendo hace cinco o diez años, cuando internet era un lujo para pocos y no leías la opinión de muchos. Te lo entiendo cuando vos interactuabas con la misma gente, de los mismos círculos y zonas. Te lo entiendo cuando éramos corazones sensibles que buscábamos entendimiento y una palmadita en la espalda. Pero ya fue.

Tomando un poco las riendas de esta entrada voy a remontarme a un recuerdo de hace no muchos días. Reunión de familia, los pibes por un lado, los viejos por el otro. Sujeto A le estaba mostrando a un Sujeto B una canción pesadísima, larguísima y con muchísimos instrumentos al mismo tiempo, porque quería que escuchara al guitarrista. "¿Escuchaste?", decía el Sujeto A, que le gusta mucho la música, al Sujeto B, que está recién aprendiendo a tocar la guitarra. "Yo sólo escucho ruido.", dije yo. Un Sujeto C, tirado en el sofá a nuestro lado, se levanta indignado, con una mano el pecho, y comienza con el discurso que ya todos conocemos: "Ay, no digas eso sólo porque es heavy metal. ¿Qué sentirías vos si dijeran eso de la música que a vos te gusta?". Por un segundo creí que rompería a llorar y tendría que consolarlo. Por suerte no. Se quedó mirándome con los ojos llorosos del gatito de Shrek, en busca de una respuesta de arrepentimiento.

Yo, con la paciencia de los pescadores nocturnos de las playas de Las Toninas y el cariño infantil forzado de todas las maestras jardineras bonaerenses, tuve que explicarle: "No me refiero al heavy metal. Me refiero a que yo no tengo oído para distinguir los instrumentos aislados de la canción, básicamente porque nunca aprendí de música, porque nunca me interesó la música y porque tengo un oído choto". El sujeto C calló. A pesar de que tenía ganas de alejarme de toda mi familia, igual casi lo aplaudo y lo felicito por reafirmar su argentinidad opinando e indignándose por algo que apenas escuchó y evidentemente no entendió.


Pero ahora, finjamos ser adultos por un segundo e intentemos responder mi pregunta: ¿y cuál sería el problema si yo hubiese dicho que el heavy metal me parece que es sólo ruido? ¿Qué pasa?, explíquenme porque no lo entiendo. No entiendo que hoy en día, finales del 2016, todavía nos estemos indignando porque los demás no sepan apreciar lo que nosotros sí apreciamos. Si nosotros sabemos que el  género de heavy metal tiene temazos con un manejo de instrumentos excepcional, entonces ¿cuál es el problema si alguien dice que no le gusta? Ojo, entiendo que si tenés ocho o nueve años eso puede llegar a molestarte, porque todavía sos una ratita piojosa caprichosa. Yo pasé por esa etapa, todos lo hicimos, todos lo entendemos. Pero me parece que es hora de crecer, gente. Posta lo digo. Es una locura que en la era cúlmine del Twitter, maquinaria de humor negro, cizaña, mal humor y odio, todavía haya gente que se indigne por pelotudeces.

¿En algún momento dejaremos de ser niños de preescolar?, me pregunto. ¿O es que simplemente nos van creciendo bigotes y tetas, y nos vamos haciendo unos chicos grandotes y peludos? ¿Vamos a seguir intercambiando figuritas en el tiempo libre en la oficina?, ¿vamos a llorar cada vez que desaprobamos un examen en la facultad?, ¿vamos a patalear cuando alguien dice algo que no nos gusta en internet?, ¿vamos a insultarnos cada vez que haya una diferencia en una reunión familiar?, ¿nos va a doler cada vez que alguien diga que no le gusta lo mismo que a nosotros?, ¿vamos a seguir dando clases de moral cuando a nosotros aún nos quedan muchas clases por aprobar?


Me pregunto yo, ¿algún día dejaremos de fingir ser adultos y empezaremos a serlo?